LA EFICIENCIA POLICIAL

En las protestas sociales que siguieron al llamado “gasolinazo” la respuesta de las fuerzas policiales fue formidable. Para empezar, el número de efectivos de uniformados eran lo suficiente como para cubrir todas las calles adyacentes al palacio presidencial. La mayor parte de los distritos policiales habrían dirigido su personal a controlar el comportamiento de los manifestantes. El equipamiento con el que contaban, por lo visto, estaba completamente renovado: medio centenar de motocicletas completamente nuevas, uniformes relucientes con radio comunicadores personales, granadas de gas que cruzaban en el pecho y espalda, lanza gases, disparadores de perdigones de goma, cascos y escudos modernos. En fin, la apariencia de todos ellos, era la de soldados armados para la tercera guerra mundial. Tampoco, fueron moderados en disparar a diestra y siniestra todo su material antimotines.
La eficacia con el que operaban en su tarea de reprimir las marchas eran contundentes. La rapidez de sus movimientos, la coordinación, la planificación y todo parece funcionar a la perfección.
Esta misma policía, en su tarea de combatir el crimen y la delincuencia es vacilante y muchas veces completamente inepta. Muchos somos testigos que cuando un ciudadano llama pidiendo auxilio sea a radiopatrullas 110 u otra instancia, estas tienden a respuestas como: “no hay recursos” para acudir a lugar de los hechos. Es decir, no hay personal disponible, no hay unidades motorizadas, no hay gasolina, etc. Si la llamada proviene de una zona periférica, posiblemente jamás llegará ni siquiera en forma tardía. Luego dicen que los ciudadanos no deben tomarse la justicia por las manos, que para eso está la policía y las autoridades. De manera que un ladrón que escape a carrera, delante de un policía, no podría ser detenido, porque la policía “no cuenta con recursos”.
La policía se pone vital y activa para preservar la seguridad del gobierno y del Estado, cuando se trata de la seguridad ciudadana “no tiene recursos”. Todo el tiempo vive en una inercia parasitaria cumpliendo funciones burocráticas dentro de las oficinas policiales y de sus regimientos.
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