CAPITAL IMPERIALISTA DE TRANSGÉNICOS SE LLEVA VARIEDADES DE QUINUA NATIVA

La transnacional Syngenta, entidad líder de los transgénicos a nivel mundial y de los agronegocios, ha comenzado a pagar a pequeños campesinos por variedades nativas de quinua, supuestamente para aportar a la conservación in situ de la exportable Quinua Real. El hecho es que no se sabe qué están haciendo los biopiratas de Syngenta con la quinua nativa que han comenzado a recolectar con ayuda de técnicos bolivianos que se hacen pasar por científicos.

En el juego del lenguaje que las organizaciones no gubernamentales inventan para acomodar la penetración de intereses imperialistas a nuestros países, la figura de saqueo genético de la quinua nativa se llama “Pagos por Servicios de Conservación de la Agrobiodiversidad (PACS)”. Y en el juego político la Syngenta entra como una “Fundación” impulsora de la “investigación científica”.

Así se presentaron las cosas en un taller el 12 de abril pasado en el que participaron autoridades del gobierno, ex autoridades y técnicos consultores. Nadie ha informado desde entonces qué sucede con este proceso en el que Syngenta paga a los campesinos para que produzcan determinadas variedades de quinua nativa.
 
Muchos intereses están en juego, tanto que la Syngenta no actúa directamente sino a través de la Bioversity International, una acumuladora de recursos genéticos, y en sociedad con el Programa CGIAR sobre Acción Colectiva y Derechos de Propiedad (CAPRi)”.

Todo consiste en que los técnicos bolivianos contratados para el caso, de la Fundación Proinpa, compran semillas a unas comunidades en el altiplano sur del país para hacer que otras comunidades de un poco más allá las siembren, y viceversa. Así está cubierta su coartada de “conservación de la biodiversidad”. En el camino, claro, desmenuzan en sus laboratorios la estructura genética de la quinua real nativa, un falso cereal capaz de crecer en condiciones de alta degradación, sequedad y salinidad de suelos.

Esto sería hasta bien intencionado si no supiéramos que la Syngenta, que junto a Montsanto manejan casi la totalidad del negocio de transgénicos en el mundo, busca variedades vegetales a las que más tarde o más temprano pueda incorporar algún gen, para luego patentar ese vegetal como de su propiedad.

Lo interesante es que con la “innovación” del nuevo gen, habrán creado una quinua transgénica con características de la quinua real. Y una nueva mercancía, protegida con derechos de propiedad, habrá nacido en el mundo.

Mucho se ha informado que en el país las transnacionales ya pagan a campesinos medianos para reproducir semilla de soya y maíz transgénico, luego actúan como entidades bancarias ofreciendo a los pequeños y medianos propietarios la semilla y todo el paquete con “cómodas” tasas de interés. 

¿Alguien dijo algo sobre la protección de la “Madre Tierra”? Pues al gobierno de Evo Morales ni siquiera le importa qué pasa con esta penetración del capital imperialista en el saqueo de información genética de la quina. O puede ser lo otro: lo sabe y prefiere mirar a otro lado porque su discurso antiimperialista ya no aguanta otro balcón. 
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