LA SERVIDUMBRE EN EL TRABAJO DE LOS MIGRANTES

Saber que existen trabajadores bolivianos en condiciones de servidumbre en las ciudades de Buenos Aires y Sao Paulo ya no impresiona a nadie, sólo cuando aparecen muertes producto de esas condiciones la sociedad se muestra indignada.

El sistema económico les exprime toda la fuerza para producir mercancía barata para las grandes empresas nacionales y extranjeras que se enriquecen increíblemente mientras los encargados del manejo político y legal se hacen de la vista gorda.

Las cifras de la cantidad de gente que vive en este circuito de explotación son variables, desde 80 mil hasta 200 mil en Brasil, en Argentina se sabe que los migrantes son un millón y la mayoría empieza trabajando en esas condiciones. Aunque no se sabe cuanta gente sufre esta explotación, lo que sí se sabe es como funciona el sistema.

A través de avisos en la radio y “agencias de empleo” se engancha a la gente, se ofrece un trabajo en dólares (200 a 300) en Brasil o Argentina  y garantizan llevarlos hasta su destino sin necesidad de tener el dinero para el transporte. Pero este costeo de los pasajes y alimentos funciona como un endeudamiento que tiene que ser devuelto una vez que la persona llega a su destino de trabajo. De esta manera la deuda contraída es el primer elemento de retención.

La situación de indocumentación refuerza los lazos de dependencia con los patrones, incluso si alguien porta algún documento, éste es inmediatamente retenido por el contratista para evitar que los trabajadores busquen otras opciones de trabajo.

Aparte de la retención de documentos los dueños de los talleres donde trabajan los bolivianos se ingenian formas crueles de sometimiento como: dejarlos bajo llave en el taller donde trabajan, amenazarlos con que la policía los va a deportar si los ve, amedrentarlos con que no tienen derechos y les puede pasar cualquier cosa si reclaman, echar candado a la casa donde está el taller, en una granja de huevos en Buenos Aires colocaron una cerca eléctrica para evitar que los trabajadores salgan.

Las condiciones de trabajo y vivienda también son bastante conocidas, pequeños espacios para trabajar, cuartos reducidos para dormir, sin ventilación y con baño compartido para hombres, mujeres y niños, se llega al extremo de darles solo un balde para que hagan sus necesidades. Hay muchos casos documentados de menores de edad trabajando, niños que han cumplido la mayoría de edad dentro del taller, mujeres que han dado a luz en esas condiciones y que sólo han podido salir un día al hospital y luego han retornado al trabajo, muchas veces estas mujeres pierden a sus bebés.

En las granjas de Buenos Aires se hace trabajar a niños de 6, 8 y 10 años. Éstos trabajan en granjas agrícolas y avícolas, recogen huevos y manipulan los pollos e insecticidas sin ningún tipo de protección que les generan enfermedades y muerte.

Las jornadas de trabajo son muy largas, algunos señalan que va desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche, hay testimonios de jornadas hasta las 2 de la madrugada del día siguiente. En granjas argentinas intervenidas por autoridades gubernamentales se ha descubierto que a los trabajadores les dan anfetaminas para que no se duerman y sigan trabajando.

Debido al trabajo a destajo (por pieza) la presión por cumplir los cupos de producción prolonga la jornada de trabajo. Los sueldos son bajísimos, se paga de 20 y 30 centavos de dólar por pieza terminada. Denuncias de este año del Servicio Departamental de Gestión Social en Bolivia refieren que hay jóvenes y niños que trabajan por comida en esas ciudades.

¿Pero quiénes son las personas dispuestas a ingresar a este circuito de servidumbre? Generalmente personas sin empleo que no tienen suficientes ingresos para mantener a sus familias. Hace algunos años muchos bolivianos iban sin conocer lo que les esperaba, las “agencias del empleo” les hacían creer que iban a tener buenos ingresos y podrían labrarse un futuro, ahora la mayoría conoce lo que pasa en estos talleres pero sigue acudiendo.

Los dueños de talleres, que antes sólo eran argentinos, brasileños o coreanos, ahora también son bolivianos. Ellos fueron migrantes y trabajaron en esas condiciones hasta conseguir ser propietarios de un taller. Como la explotación del capital no tiene bandera ni nacionalidad, los nuevos propietarios utilizan el mismo sistema de trabajo para enriquecerse. A través de familiares y amigos en Bolivia ofrecen trabajo y prefieren llevar gente del campo antes que de las ciudades alegando que estos últimos reclaman mucho porque conocen sus derechos en tanto que la población campesina es más fácil de explotar.

De esta manera se reproduce todo el sistema de producción de mercadería barata explotando al máximo la fuerza de trabajo de estos migrantes que provienen de Bolivia, Paraguay, Perú y otros países.

Este sistema de explotación involucra a miles de personas, no es algo que suceda por falta de leyes o reglamentación, no se debe simplemente a la falta de cumplimiento de leyes o de “personas malas” que se aprovechan de los migrantes, todo lo contrario, es parte de la reproducción del capital, así se da el crecimiento de las grandes empresas y, mientras más barata es la mano de obra, más ganancias obtienen.

Toda esta producción de costos bajos es comprada por enormes empresas. En Brasil tiendas famosas que facturan más de 4 millones de dólares al año como Pernanbucanas son las que están en la cima alta de este circuito, para evitar ser relacionados con este tipo de explotación contratan empresas intermediarias que proveen personal, pero las grandes empresas saben lo que pasa, tienen relación con los trabajadores porque controlan directamente los niveles de calidad de la mercadería que compran. Muchas empresas brasileñas se han visto involucradas en este sistema, incluso Petrobrás. Generalmente cuentan con gran influencia económica y política. En Argentina la empresa Nidera, una de las mayores exportadoras de aceites, oleaginosas y semillas (facturó 3500 millones de pesos argentinos el 2009) fue denunciada por tener campos de trabajo con niños en condiciones de servidumbre. Los médicos que analizaron las condiciones en que vivían los trabajadores dijeron que parecía un “campo de concentración”. Otra empresa importante, la granja Nuestra Huella, la mayor productora y exportadora de huevos en Argentina fue descubierta también explotando niños, la muerte de un menor de 10 años intoxicado con pesticidas causó indignación en la población, sin embargo, esta empresa aún no ha sido sancionada. Las distintas relaciones con otras proveedoras de servicios, autoridades judiciales y políticas han dejado el caso en la impunidad.

El sistema funciona exactamente como una moledora de carne donde ingresan los trabajadores migrantes, a ellos se les extrae la fuerza de trabajo que produce mercadería barata que dará altas ganancias a las más grandes empresas del país.

El que en pleno siglo XXI este sistema siga funcionando tiene que ver con la forma en que se desarrolla el capitalismo en nuestros países, aprovecha la situación de desempleo y crisis, pero además se sirve de una fuerza de trabajo domesticada por las relaciones de servidumbre que aún persisten en diferentes sectores de la producción, particularmente la campesina.

Acabar con estas condiciones no es cosa de cambiar leyes o tener “acciones más efectivas de las autoridades” como se suele pedir, tampoco se hará con las obras filantrópicas de algunas instituciones como las ONG’s, se trata del mismo sistema económico de reproducción que vivimos. La gran producción capitalista en nuestros países tiene como base estas relaciones de servidumbre, para acabar con ello hay que acabar con el sistema mismo.
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