Descomposición de la Universidad y el proceso de cambio

Análisis y Opinión

Agosto de 2012

El pasado 22 de agosto la población se sorprendió cuando los medios televisivos mostraban in fraganti al Director Administrativo Financiero de la UPEA, Gualberto Tiñini, cobrando una extorsión de 17 mil bolivianos en calidad de “comisión” a la empresa LESU que había proveído a la universidad de insumos químicos y material de laboratorio.

Los que no se sorprendieron fueron los estudiantes de la UPEA que venían siendo informados de prácticas de este tipo a través de denuncias por parte de dirigentes estudiantiles, trabajadores y docentes que no son afines al rector Dámaso Quispe, éste último implicado en estas denuncias.

Las denuncias de diversos colectivos democráticos en la UPEA nos dan una muestra de las características del manejo de la Universidad que hoy se encuentra en manos de aliados del “proceso de cambio” liderado por Evo Morales. La sintonía con el oficialismo se comprueba por las declaraciones de las autoridades de esta casa de estudios a favor del gobierno actual y por las medidas presupuestarias del gobierno a favor de la Universidad en momentos oportunos para que el rector Dámaso Quispe se prorrogue en su cargo de manera irregular.

Manejos irregulares, corrupción, sobreprecio en obras son las denuncias sobre la gestión actual que se combinan con nombramientos también irregulares que son parte del pago de lealtades a personas que sirven de informantes a las autoridades sobre la actividad de dirigentes independientes o críticos a la gestión de Dámaso Quispe. Este escenario es similar a los tiempos en que los estudiantes democráticos luchaban por la Autonomía universitaria en la UPEA contra las autoridades de la Iglesia Católica que manejaban esa casa de estudios como su feudo personal.

Esto no es ajeno a la realidad de las demás universidades del país, es un reflejo de la semifeudalidad que subsiste y se manifiesta en la superestructura de la sociedad, en este caso en las instituciones educativas. A la corrupción y el clientelismo hay que añadir el uso lumpenesco de grupos de matones y sectores estudiantiles prebendalizados en farras alcohólicas promovidas por el rectorado y becas soborno, todo con el fin de amedrentar y amenazar a quienes son críticos de la gestión de turno para que no exista ningún tipo de oposición. Además el aprendiz de cacique (Dámaso Quispe) se ha atribuido funciones como el aprobar centros de estudiantes, concejeros y personal administrativo, éstos tienen que ser de su agrado caso contrario los veta. Este manejo gamonal de la Universidad tiene correlato en el loteamiento institucional en base a camarillas de estudiantes, docentes y trabajadores, quienes son las verdaderas fuerzas retrógradas que establecen compromisos de gestión y encumbran a la autoridad de su conveniencia.

A esta situación hay que agregar las “medidas de seguridad” tomadas por el rectorado con la instalación de cámaras, micrófonos y sensores infrarrojos con el argumento de “combatir el robo” que están dirigidos básicamente a los estudiantes. Cuando vemos que la corrupción se encuentra en las oficinas de las autoridades entonces resulta claro que las “medidas de seguridad” solo tienen el objetivo de impedir la manifestación del pensamiento crítico y democrático porque lo que en realidad se hace es fichar a quienes lanzan proclamas o pegan carteles de denuncias u otras actividades ejerciendo la libertad de expresión y de pensamiento, pilares fundamentales de la universidad.

El marxista peruano José Carlos Mariátegui decía que sobre una economía semifeudal no pueden florecer instituciones democráticas, de la misma forma nuestro país, con una base de relaciones económicas enfeudadas produce la Universidad que tenemos, totalmente ajena a los valores democráticos y universales consagrados en la Reforma Universitaria. El espíritu universalista de la contienda de ideas y posiciones, la libertad de crítica, la libertad de cátedra, que fue el espíritu de los movimientos universitarios, está ajeno al quehacer de la UPEA. Las autoridades y docentes adictos al proceso de cambio castran este espíritu repitiendo el slogan de las peores épocas de la universidad “aquí se viene a estudiar y no a hacer política”, “tenemos que producir buenos profesionales para el mercado”. La materia de Autonomía Universitaria obligatoria en los cursos vestibulares para ingresar a la UPEA funciona de forma parecida a los cursos de derechos humanos en la policía, no tiene valor alguno.

La visión de la gestión académica universitaria está plagada de provincialismo, esto se puede ver en el manejo administrativo y los métodos que usan las autoridades para mantener en el poder, se trata de un manejo hacendal o de parcela. Pero también se ve en el oportunismo, prebendalismo y couteo político, los antes miristas, condepistas, pepeluchistas y adenistas ahora son acérrimos defensores del gobierno de Evo.

Los que gustan del enfoque conspirativo ven ahí el problema de la Universidad y del gobierno, argumentan que “la derecha se ha infiltrado”, sin embargo tal argumento solo busca quitar responsabilidad al “proceso” de su fracaso político. La acción oportunista no encontraría cabida sino tuviese el terreno propicio para desarrollarse y nosotros podemos afirmar que bajo el amparo del gobierno éstos encuentran el escenario perfecto para actuar.

Una característica del gobierno y en particular de Evo Morales es el estilo caudillejo en la administración de la gestión, por ello precisa de gente dispuesta a arrastrar masas, controlar las instituciones para evitar conflictos sociales y, por supuesto, no contradecir al gobierno. Esa es una función que han venido desempeñando las autoridades de la UPEA empleando todo tipo de métodos.

La crisis de la universidad muestra un poco la marcha del tan mentado “proceso de cambio”, sin alternativas para una verdadera transformación universitaria, promoviendo profesionales ahora funcionales al nuevo discurso (funcionarios de ONGs, municipios o miembros del gobierno) con un enfoque pachamámico muy dispuestos al financiamiento internacional. No tenemos nada distinto, ni siquiera a la gestión neoliberal, las nuevas autoridades afines al MAS reproducen los lastres de la sociedad semifeudal y semicolonial.

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