Perú: Crimen y montaje propagandístico en la guerra contrasubversiva

Así tituló un medio limeño sobre las acciones del gobierno en el caso de los “niños cautivos”, pura farsa

Por Análisis y Opinión

01/10/12

El 8 de septiembre en la comunidad de Ranrapata, región Junín, centro del Perú, una incursión violenta por aire y tierra de efectivos de Ejército peruano acabó con la vida de la niña de ocho años Soraida Caso. Los militares llegaron a la vivienda campesina de la familia Caso y dispararon a diestra y siniestra asesinando a Soraida por la espalda cuando ésta corría asustada, en tanto los militares se llevaban a sus otros tres hermanitos y a su madre.

En Lima, la prensa amarilla replicaba con grandes titulares la información que el gobierno había preparado, “las FFAA rescatan a niños cautivos de Sendero Luminoso”, la Ministra de la Mujer, Ana Jara junto a la primera dama de la Nación, Nadine Heredia, esperaban en el Aeropuerto Internacional del Callao para recibir a los niños y aparecer en las fotos de las portadas de los periódicos.

El episodio hubiera quedado como uno de los operativos exitosos del ex militar que gobierna el Perú, Ollanta Humala, y hubiese sido uno de los tantos casos trágicos que viven las familias campesinas producto de la brutalidad asesina con la que actúa el Ejército peruano tantas veces acusado de cometer genocidio.

Pero la realidad es dura y a veces los hechos son tercos, el abuelo de Soraida, denunció la muerte de su nieta junto al alcalde de Santo Domingo de Acobamba, Jorge Camarena, el abuelo dijo que fue una incursión violenta que asesinó a Soraida por la espalda y que no se trató de ningún rescate de niños de Sendero, mostraron evidencias de que el cuerpecito fue arrastrado 50 metros y ocultado entre unos matorrales para ser lanzado a una zanja. El alcalde Camarena mostró la documentación de que Soraida y sus hermanitos asistían a la escuela del distrito y vivían con sus padres. El abuelo reclamaba al gobierno que le devuelva a sus nietos.

En realidad se trató de una de esas grandes farsas a las que el Estado peruano está acostumbrado, esas acciones que utilizan los gobernantes para mejorar su imagen o distraer a la opinión pública de los problemas que coyunturalmente afronta, como el caso del proyecto Conga o la huelga de los maestros.

El Estado peruano siempre ha mostrado su desprecio por la vida de la gente pobre y humilde, durante todo el periodo de la guerra interna se fabricaron muchos casos como éste, masacres a comunidades enteras, asesinato de testigos, desaparición de campesinos por sospecha de pertenecer a la guerrilla o asesinatos que el ejército peruano atribuía la guerrilla. Todo esto es algo que conoce muy bien Humala como ex miembro del Ejército además porque estuvo involucrado en masacres como el caso Madre Mía donde el capitán Carlos, así se hacía llamar, participó en una serie de asesinatos, según se le acusó.

La noticia de la muerte de Soraida se proyectó en los diarios de la oposición y pusieron al descubierto la careta criminal y deshonesta de Humala y su esposa Nadine. La prensa independiente mostró testimonios que evidenciaron que los militares quisieron ocultar el cadáver de la niña, informes forenses revelaron los signos de violencia en la espalada, nariz y manos de Soraida, autoridades de Ranrapata, amigos y familiares declararon que la familia Caso nunca estuvo involucrada con la guerrilla y pidieron que liberen a la madre de los niños. Un medio limeño desvirtuó los “informes de inteligencia” que daban cuenta de que en la región y en la casa de esta familia se daba cobijo a guerrilleros, el reportaje de ese medio señalaba que la supuesta informante no era más que una humilde mujer que protegía a sus hijos pero que el ejército “armó” todo un reporte para justificar la intervención. También salió a la luz la mentira de los mandos del Ejército que en su comunicado Nº 25 informaron a la población que el operativo contó con la participación de fiscales, cosa que la Fiscalía desmintió así como el propio ministro de Defensa, Pedro Cateriano, además el comunicado mencionaba de manera taxativa que los niños estaban secuestrados por Sendero.

Este caso ha cuestionado la actuación del gobierno en casos anteriores. En julio pasado otro operativo de “rescate” de niños de Sendero fue altamente publicitado en la prensa peruana, incluso en nuestro país, Bolivia, la prensa comercial lo reprodujo condenando furiosamente a la guerrilla por el uso criminal de niños en sus filas. Sin embargo ahora, la ministra de la mujer, Ana Jara, ha declarado que sobre ese caso, los 11 niños “rescatados” no eran cautivos de nadie y están siendo devueltos a sus madres, 10 en total, porque éstas no eran “terroristas”, claro que esta acción no merece ninguna atención de la prensa. Miembros de la Defensoría del Pueblo de la zona han dicho que no existen niños cautivos, sin embargo el gobierno, cada vez que le conviene, sigue mostrando “niños secuestrados por la guerrilla”.

Como era de esperarse la “clase política” también reaccionó. Ministros del gobierno, aliados del presidente Humala, personajes públicos y hasta curas forman parte de ese sector, el mismo que en el tiempo de Fujimori mostró sus rasgos mercenarios y lumpenescos cuando a cambio de muchos dólares estaban dispuestos a esconder los actos criminales del gobierno y las Fuerzas Armadas.

Los ministros han dicho que aquí lo importante es “no perder de vista que el combate es al terrorismo” y que el caso de la muerte de Soraida está en manos del ministerio público. Sin embargo ya algunos ministros han dicho, anticipándose a la tan mentada investigación del ministerio público, que la bala que mató a Soraida fue de Sendero que se batía en retirada cuando llegó el Ejército, a pesar de que los testigos afirman que el ejército llegó disparando al pueblo. Hasta el Cardenal católico del Opus Dei, Luis Cipriani, ha dicho que el “Ejército merece un voto de confianza”, que la niña “ya está muerta y hay que rezar” y el ejército no puede “intervenir con guantes ni con mandil, ni pedir permiso”, que la muerte de Soraida fue un error. El argumento despreciable del “Monseñor Cipriani” en relación a la muerte de niños es similar a los argumentos de Bush sobre los daños colaterales en la guerra. El propio presidente Humala ha dicho con relación a este caso que discutir si estaban secuestradas, cautivas o no es una “ociosa discusión filosófica”.

En la guerra contrasubversiva todo vale y lo que menos importa al Estado y a todo el rancio sector de políticos es la vida de la gente pobre y humilde, sean estos niños, mujeres o ancianos. La maquinaria del Estado aplasta vidas en su afán de imponerse y no ser cuestionado por nadie. Eso es lo que hay detrás del show mediático de Humala que de manera despreciable utilizó a los niños para ganarse puntitos de popularidad.

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