Gran tensión y represión al pueblo venezolano

La crisis económica venezolana es responsabilidad principal del grupo gobernante, lo que no quita la responsabilidad al sector conservador que por muchos años hizo de Venezuela una semicolonia del imperialismo

14/02/2014

Análisis y Opinión

 

En la dinámica social el conflicto de los intereses reales no se oculta ni se acaba con grandilocuentes discursos. La lucha de los diferentes sectores de la sociedad, la lucha abierta y antagónica se manifiesta tarde o temprano como la lucha de intereses de clase y esto es lo que estamos viendo en Venezuela.

Los sectores populares ya no soportan la crisis económica que vive ese país ni el recorte de libertades democráticas por parte del régimen, y dentro de estas luchas sectores oportunistas conservadores de las clases dominantes, tradicionalmente llamados de “derecha”, frente éstos el sector enquistado en el gobierno, el presidente Nicolás Maduro y los chavistas, que tampoco representa los genuinos intereses del pueblo.

Nosotros estamos lejos de caracterizar al gobierno de Chávez como “revolución” con el adjetivo que se quiera y tampoco de “socialista” como lo hace el revisionismo en América latina junto al oportunismo rampante que orienta a las masas a transitar caminos reformistas con la única intención de reestructurar la vieja maquinaria estatal y ponerla lista para continuar la explotación asalariada.

Tanto Maduro como Chávez han lanzado permanentemente una demagogia sin límites acerca del carácter antiimperialista de sus gobiernos, mientras tanto suscriben jugosos contratos con empresas imperialistas para explotar el petróleo (Repsol en estos momentos acaba de firmar uno de esos contratos millonarios con el gobierno “antiimperialista” de Maduro).

De esa renta petrolera ha recibido grandes beneficios la clientela chavista que es enorme en un país con muchas carencias, nosotros conocemos muy bien el mecanismo porque en Bolivia lo vivimos en vivo y en directo, hay un escalamiento en sectores muy ligados al gobierno y son básicamente sectores de la burguesía nacional de la capa superior. Con esta política, la gran burguesía en particular bancaria y petrolera se ha beneficiado grandemente, tal cual sucede con el sector bancario en Bolivia, envidiables ganancias que el sector financiero no lo tuvo ni en los mejores momentos del neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada.

Y es que el mecanismo de la reproducción capitalista no se ha alterado, la retórica oficialista no transforma las bases del sistema capitalista ni la dominación imperialista. Si a esto sumamos la desastrosa gestión económica con escasez de muchos productos de primera necesidad en Venezuela tenemos lógicamente la existencia de un gran descontento popular porque el pueblo no es marioneta de ningún demagogo, al menos no por mucho tiempo.

Nuestro análisis no se limita a repetir como loro que el conflicto es entre nazi-fascistas versus revolucionarios, como lo ha presentado Maduro y su corte, un gobierno que está llevando a profundizar la crisis económica en su pueblo tarde o temprano se ve frente la protesta de la población y eso es lo que pasa en Venezuela, ciertos sectores empiezan a zafarse del control corporativo porque no son masa amorfa que puede ser controlada toda la vida. La política de masas del chavismo ha sido siempre el control corporativo y prebendal, a eso los revisionistas, muchos de los cuales se han ido a “estudiar la experiencia venezolana”, le llaman proceso revolucionario, un remedo fascista que ahora muestra sus límites, el corporativismo no dura para siempre, cuando la crisis llega la gente se quita la máscara, y peor aún, si se educó a las masas a apoyar a cambio de la cuota prebendal entonces cuando ya no hay que ofrecer se irá con el contrincante, eso si es que no aparece una alternativa clasista y auténticamente revolucionaria, pero en Venezuela eso ha sido combativo precisamente por el chavismo.

A esto hay que agregarle que el gobierno de Maduro ha secuestrado las libertades democráticas populares, no es posible que mientras el enfrentamiento se produce en las calles y muere gente, que siempre es del pueblo, el gobierno a nombre de una Ley de responsabilidad de medios, transmita cómo se hace una sopa de brócoli y hable de fiesta revolucionaria. A los bolivianos eso nos recuerda la dosis informativa que daba el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada en octubre del 2003, exactamente igual, aunque en el caso boliviano se hacía con un poco de rubor, el demagogo Maduro lo hace sin sonrojarse.

La llamada “revolución bolivariana” en realidad está en una profunda crisis, hoy el llamado “socialismo del siglo XXI” y su actual administrador Nicolás Maduro ni siquiera es defendido por el autor de esa propuesta, Heinz Dieterich; el contenido ideológico del chavismo no pasa por un concentrado de ideas socialchovinistas y reformas económicas de contenido nacionalista. Todo lo demás está cubierto de retórica antiimperialista. Venezuela, como muchos otros países que siguen su política (mas o menos fielmente) no pasan de buscar un lugar más expectante dentro del mundo imperialista, de ahí que su retórica “antiimperialista” no pase de ser antiyanqui, mientras abren las puertas al imperialismo europeo, chino o ruso; eso pasa exactamente en Bolivia.

Por su parte el sector conservador venezolano busca ganar en rio revuelto, el sector conocido como “derecha” es otro destacamento que defiende el orden establecido, pero en un sentido más conservador (a diferencia de los chavistas que son reformistas en cuando a la forma de administrar el Estado). Las contradicciones entre el chavismo y los opositores son contradicciones dentro del sistema, contradicciones secundarias frente a las aspiraciones de transformar totalmente la vieja sociedad, secundarias frente a las necesidades de las masas que tienen al Estado capitalista y las clases dominantes (sean reformistas o conservadoras) como enemigos antagónicos.

La crisis tiene ayudar a ver al pueblo venezolano que estos sectores no van a ayudarle en su deseo de emancipación, tiene que ayudarlo a organizarse clasistamente y organizar su vanguardia revolucionaria, sino lo hace seguirá arrastrándose tras de uno u otro proyecto reformista y tras de una u otra propuesta conservadora.

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