Brasil cambió para continuar igual

1mayo
Los campesinos y obreros clasistas repudian la farsa orquestada por las clases dominantes

Análisis y Opinión

16&05/2016

 

[Republicamos la nota editorial del periódico democrático A Nova Democracia (AND) acerca de los acontecimientos políticos en Brasil y la profunda crisis que esto revela. Como señala AND lo que sucede en el Brasil es la pugna entre grupos, sectores, facciones de las clases dominantes y sectores explotadores que buscan tener el control del poder político en medio de la profunda crisis política, económica y de legitimidad del Estado brasileño. Esta pelea en la que tratan de arrastrar a la población ambos bandos en realidad no le sirve en absolutamente nada al pueblo, no tiene nada que ganar de ella, todo lo contrario, los sectores independientes, los sectores democrático populares, el movimiento popular clasista y combativo, que de hecho existe y está organizado en Brasil, tiene la tarea de aglutinar al pueblo para denunciar esta farsa entre canallas y luchar por sus propios y sagrados intereses, la lucha por la Nueva Democracia.

Asumimos la responsabilidad por la traducción. Análisis y Opinión]

 

El retiro de Dilma Rousseff y la posesión de Temer [Michel Temer, el nuevo presidente de Brasil. NdT] en la Presidencia de la República, siendo una pugna de grupos de poder representantes de las fracciones de las clases dominantes locales, en nada alterará la situación del país desde el punto de vista de los intereses de las clases explotadas y de la Nación Brasileña. Mantenida la política de subyugación nacional, el programa de ajustes será el mismo que Dilma aplicaría en el caso de que hubiese colocado a Luis Inácio [Lula. NdT] como ministro y no hubiese sido retirada en el proceso de Impeachment. Y esta aseveración es tal que llega al punto de ser Meirelies, [Henrique Meirelles fue presidente del Banco Central do Brasil (2003-2011), favorito del mercado financiero y dicen que era el ministro que Lula quería para Dilma. NdT] el mismo hombre que presidió la política económica durante 8 años en el gobierno de Luis Inácio, el superministro de Temer.

 

La gravedad de la crisis económica que los trabajadores ya sienten en el bolsillo y en la mesa es minimizada o alarmada según los intereses de los dos bandas de la politiquería en pugna. Lo que dice cada uno de los lados en disputa muestra que todo es solo “repetición de lo mismo” con un toque de propaganda diferente.

 

El campo de las fuerzas lideradas por Temer se apresuró desde temprano a conformar un nuevo gobierno, creando una situación sobrepuesta de dos gobiernos, ya que antes de tomar posesión era prácticamente el gobierno de hecho, anunciando ministros y pautando la política económica ya sabida por todos; o sea, el mismo anunciado por Dilma desde el 2015: el ajuste fiscal, la reforma de la previdencia, cortes de gastos, etc., para golpear los derechos y las condiciones de vida del pueblo y los intereses nacionales, al servicio de los intereses imperialistas.

 

El gobierno de derecho y en proceso de destitución, el oportunismo petista [se le llama así al Partido de los Trabajadores por sus iniciales, PT. NdT] y sus congéneres, siguen denunciando “golpe” con lo que chantajean al campo progresista buscando constreñir sus fuerzas a cerrar filas con ellos, atacar a Temer acusándolo de “dar el golpe para volver con la política neoliberal”.

 

Al olvidar las reales necesidades de las masas como tierra, trabajo, alimentación, saneamiento, habitación, educación y salud, engañándolas con programa sociales para “inglés ver” [expresión usada en Brasil que puede ser traducida en “guardar las apariencias”. NdT], el PT demostró de manera muy evidente de qué lado estaba en la lucha de clases. Concretamente lo que hizo fue abrir el espacio para la ascensión de las fuerzas reaccionarias, al mismo tiempo que se cubría a nombre de “izquierda” y manchó el glorioso emblema rojo.

 

La orquesta de los monopolios de prensa, con la Red Globo siempre a la cabeza, en el mismo tono frente al apartamiento de Dilma, había celebrado la salida del mafioso Cunha de sus funciones [Eduardo Cunha, fue Presidente de la cámara de diputados y opositor de Dilma, fue retirado de su cargo por estar investigado en la corrupción millonaria de Petrobrás. NdT], intentando imponer la idea de que el país está siendo pasado a limpio y que pronto vamos a tener un nuevo Brasil ético, democrático y en ritmo de “orden y progreso”. Por ello, Temer, no con el mismo entusiasmo, habló con cautela al posesionar a los ministros de su incierto “gobierno” buscando diluir el impacto que causarán los paquetazos exigidos por sus amos.

 

Ambas facciones confluyen en hablar de práctica republicana para cristalizar el marco constitucional actual con toda su institucionalidad llevada a la corrupción, la que suscita de tiempo en tiempo campañas hipócritas de “moralización”. Ni ahora ni nunca podrán cambiar la naturaleza de este sistema, cuya base podrida de capitalismo burocrático se mueve y reproduce sirviéndose de la corrupción, por esto también no pueden extirparla, como tanto prometen, como buenos demagogos y embusteros que son, incluso, porque las pugnas entre diferentes fracciones de las clases dominantes locales, como la que se agudiza ahora, tiene, tanto en las denuncias de corrupción como en las campañas de “moralización”, la forma de darse a resolver sus disputas.

La banda de la politiquería encabezada por Temer (PMDB, PSDB, DEM, PTB, PPS, PP…) habla de enfrentar la grave crisis y salir de ella lo más rápido posible, salvar a Brasil de la catástrofe, etc., la banda del PT, arrastrando a las demás siglas oportunistas electoreras, ya con su discurso ensayado, dice que será un retroceso, volver a la política “neoliberal”, como si no fuese ésta misma la practicada por sus gobiernos de Luiz Inácio y Dilma. Dice que había acabado con la pobreza y creado una nueva clase media, cuando lo que hizo fue liberar el crédito e ilusionar al pueblo de que podría comprar, pues que “el país se estaba desarrollando”, mientras éste se endeudaba y los banqueros y corporaciones extranjeras se llenaban de lucros y los latifundistas del “agronegocio” y las empresas mineras se apropiaban de tierras públicas. Llama conquistas para el pueblo a la “ampliación de cupos” en las universidades y la enseñanza técnica, cuando lo que hicieron fue incrementar la privatización de la educación, principalmente financiando con bolsas [becas. NdT] centenas de millares de cupos en las universidades privadas, en detrimento de la enseñanza pública. Todo el apoyo fue al incentivo del latifundio productivo o “agronegocio”, y las empresas mineras, desindustrializando al país, primarizándolo y desnacionalizando su economía como nunca antes visto.

 

Por eso, ambas ya experimentadas en el arte de administrar la explotación de los trabajadores, en asegurar el saqueo de la Nación por las corporaciones imperialistas y en presidir la represión al pueblo principalmente a las masas en lucha, se lanzan una contra otra, pero, en verdad, están unidas contra la Revolución.

 

Vencedores y vencidos continuarán sosteniendo al viejo y podrido Estado brasileño en este interminable rodízio [desfile. NdT] de engañadores de las masas, enemigos de la Revolución.

 

Revolución que se gesta en las camadas más profundas de las masas empobrecidas que claman por una Nueva Democracia, que como ya está demostrado solo podrá ser alcanzada a través de un proceso crecientemente masivo y por eso mismo a través de una lucha cruenta y prolongada.

ImagenMFP
Los sectores independientes y organizados tienen en sus manos la tarea de construir el camino del pueblo
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