Maquinaria imperialista interviene en Venezuela

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Foto: Cubadebate

Análisis y Opinión

05/02/19

La crisis general que atraviesa el gobierno venezolano, en parte por sus propias deficiencias como por la acción de los países imperialistas y sus lacayos nacionales, han puesto en la mesa la grosera intervención imperialista yanqui y europea que no descarta una invasión militar disfrazada de “ayuda humanitaria”.

El imperialismo, particularmente yanqui, como es costumbre, se llena la boca de libertad y democracia cuando habla de la situación venezolana y, mucha gente que incluso se llama de izquierda o revolucionaria en nuestro país se ha puesto a la cola de este falso discurso, aceptándolo abiertamente o socapándolo cuando apoyan abiertamente a los lacayos de los yanquis en Venezuela, como el autoproclamado presidente Juan Guaidó y la oposición conservadora al gobierno reformista reaccionario de Nicolás Maduro que se disfraza de socialista.

Queremos señalar en primer lugar que rechazamos frontalmente la intervención imperialista yanqui que está realizando acciones dentro y fuera del país para colocar en la presidencia de Venezuela a un lacayo que le sirva mejor a sus intereses, en este caso, al opositor conservador Juan Guaidó a quien ha sido “reconocido” como presidente de Venezuela junto con los demás países reaccionarios de la región, como el Grupo de Lima, y recientemente la Unión Europea.

La mentada intervención humanitaria no es otra cosa que la intervención grosera para ordenar la situación política a favor de los intereses yanquis, reafirmar la condición de América Latina como su zona de influencia, frenar la avanzada rusa y china en la región, mantener el control del petróleo venezolano, continuar saqueando las riquezas del país, aplastar como siempre al pueblo aunque al principio lanzará migajas para contentar a los sectores descontentos con la desastrosa política del chavismo y de Maduro en particular.

El imperialismo, en particular el yanqui, no lleva ni libertad ni democracia (ni siquiera burguesa) al mundo. Este falso discurso se ve claramente en el doble rasero de su política internacional. Los “demócratas del mundo” no dicen nada del apoyo y venta de armas que realiza el gobierno de Donald Trump a la brutal dictadura política del reino de Arabia Saudí, que no solo masacra a su pueblo y mantiene normas arcaicas contra las mujeres, sino que participa directamente de la atroz guerra contra el pueblo de Yemen que hoy literalmente muere de hambre.

Las últimas intervenciones del imperialismo yanqui en Ucrania y en Siria, junto a los gobiernos alemán y francés, no solo han sido nefastas para esos pueblos, llevando bombardeos contra la población, sino que han despertado el fascismo y a los neonazis en esa región.

El imperialismo yanqui y europeo, en su competencia geopolítica contra las potencias rusa y china, han apoyado y armado a grupos como Al Qaeda y el Estado Islámico cuando lo han necesitado, para intervenir también a otros gobiernos y derrocar a reaccionarios locales para colocar a gobernantes mas lacayos como en Libia. La intervención brutal en Iraq, no fue precisamente para llevar libertad y democracia sino para hacerse del petróleo iraquí y recomponer la influencia de dominio de la dictadura feudal de Arabia Saudí y de los reinos reaccionarios como Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.

El apoyo que brinda el imperialismo norteamericano al gobierno fascista de la India, llamado la mayor democracia del mundo, consiste en aplastar a su pueblo levantado en armas y comportarse como el matón local contra los países vecinos como Nepal, Bután y Bangladesh.

Es el mismo apoyo que presta a su otro matón en la zona del medio oriente, el gobierno de Israel, que comete crímenes de lesa humanidad contra la población palestina de manera constante y sistemática, sin embargo, ninguno de los gobiernos que hoy condenan a Maduro han cuestionado esta política reaccionaria.

No es casual que los gobiernos latinoamericanos más antichavistas sean también los más reaccionarios y fascistas como el argentino Macri, que hoy aprieta económicamente a su pueblo, y el fascista, ex militar del Brasil, Jair Bolsonaro, quien no dudó en decir que el “error” de la dictadura militar en Brasil no fue haber torturado a los prisioneros políticos sino el haberlos dejado vivos.

El imperialismo solo trae desgracias a los pueblos del mundo, no dudará en aplastarlos si estos se levantan en contra de sus intereses, no dejará de saquear los recursos naturales y llevarse las riquezas de estos países para, con ese robo, financiar la “ayuda humanitaria” del desastre que en parte han creado hoy en Venezuela.

Si bien en este momento la lucha contra la intervención imperialista es la que está a la orden del día y es el elemento principal, eso no nos impide condenar, como siempre lo hemos hecho, las políticas antipopulares y represivas del chavismo y de Nicolás Maduro, sucesor de aquel. El proyecto de Hugo Chávez y Maduro jamás han marchado en la dirección del socialismo, se trata de una demagogia nefasta para engatusar a las masas, tal proyecto es la expresión política y de un sector de clase de la sociedad venezolana que forma parte del viejo Estado y está guiado fundamentalmente por la ideología nacionalista y una ecléctica y oportunista postura en el “socialismo del siglo XXI” que nada tiene que ver con una posición revolucionaria, por el contrario, busca conciliar los intereses de las masas con los intereses de empresarios y banqueros supuestamente “patriotas”.

Como todo nacionalismo lo que busca es acomodarse mejor en el orden imperialista mundial y no romper con ello. En este objetivo ha usado el petróleo como mercancía principal, ha tenido en un inicio muy buenas relaciones comerciales con el imperialismo yanqui pero la dependencia de tal producto ha sido también su ruina, pues la gran caída de los precios internacionales ha significado una gran pérdida en los ingresos del país.

Como ha sucedido con la mayoría de los “países progresistas” en la región, la relación con las masas se ha basado en la lealtad prebendal, han generado enormes redes de corrupción, eclécticas políticas en la gestión que han llevado al desastre económico al país. Esto ha generado la reacción del pueblo y el aprovechamiento de los sectores conservadores como sucede en nuestro país. A falta de una dirección revolucionaria es la oposición conservadora, adicta al discurso de la democracia liberal burguesa y de una fuerte posición anticomunista, la que se ha impuesto en buena parte de las luchas de las masas y la oposición al gobierno.Las justas reivindicaciones de muchos sectores de las masas que padecen la política reaccionaria de Nicolás Maduro son aprovechadas por los intereses concretos de los lacayos del imperialismo.

El pueblo venezolano necesita una verdadera opción revolucionaria si quiere conseguir libertad y verdadera democracia, la única que puede dar el rumbo hacia una sociedad socialista que transforme radicalmente la sociedad. No es el imperialismo yanqui o europeo, ni ruso ni chino, ni la oposición conservadora venezolana ni el gobierno de Maduro quienes conseguirán una mejor vida a los explotados venezolanos, solo la organización del proletariado a través de su organización revolucionaria podrá guiar el camino urgente de la lucha por la nueva democracia y el socialismo para acabar con estos males y esta coyuntura se muestra como favorable si se sabe aprovechar, para conseguir la unidad de todo el pueblo y enfrentar la amenaza de intervención imperialista.

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