La “sedición” de los sectores populares en Bolivia

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 Las protestas no se han detenido y siguen sumando sectores en todo el país. Foto: La Prensa

 

Análisis y Opinión, Bolivia

16/01/18

¿Qué hay detrás de las protestas en Bolivia? Así titula la nota periodística publicada el 10 de enero en Telesur, referida a los conflictos que sostenía el gobierno boliviano con los médicos y que empezaba a involucrar a otros sectores del movimiento popular. El enfoque de la nota era descubrir cuáles eran los intereses de los movilizados contra el gobierno ya que Evo Morales había satisfecho sus demandas con los acuerdos firmados.

Telesur toma como fuente a un periodista partidario del régimen, no podía ser de otra forma, pues es un medio ligado al revisionismo y oportunismo internacional y partidario de los llamados “gobiernos progresistas” que se encuentran en franca crisis política.

La incógnita es por qué mantienen la protesta en las calles si ya firmaron un acuerdo (se refiere a los médicos) dando solución a sus demandas. La respuesta a la mano es, citando a Evo Morales y a su “periodista especialista en la materia” Iván Canelas Lizárraga, hay una conspiración de la derecha que quiere desprestigiar al presidente.

Pero son los miembros de los piquetes de la huelga de hambre y el personal movilizado, junto a los trabajadores de salud, quienes se oponen con más fuerza a las medidas del gobierno de Evo Morales y critican a sus dirigentes, hasta llamarlos traidores, por pactar con el gobierno.

Telesur ha reconocido que no solo el sector salud sigue en la protesta, también están los transportistas y la Central Obrera Boliviana, pero su “especialista” sigue apuntando a la dirigencia médica como el acicateador de las protestas para reflejar que es un “sector privilegiado” naturalmente aliado de la “derecha tradicional”, “conservadora” y “golpista”. El enfoque de este medio “progre” oculta el contexto de los hechos y sigue una línea pautada por el régimen, aunque no refleje los hechos.

A la fecha las protestas se han generalizado en el país. Al sector de médicos (que ya firmó un acuerdo con el gobierno) y de trabajadores de la salud pública, se han sumado organizaciones ciudadanas, sindicatos obreros, pequeños comerciantes, miembros del transporte, colegios de profesionales, juntas vecinales urbanas, organizaciones campesinas, los campesinos cocaleros de Adepcoca de los Yungas y artesanos, hasta los peluqueros anunciaron su rechazo al nuevo Código del Sistema Penal.

Estos movimientos organizados del campo popular son, para el gobierno, “los golpistas en Bolivia”, la “asonada de la derecha”, estos son los “satélites apolíticos utilizados por los partidos tradicionales”, a decir de Álvaro García Linera, o “la acción decadente de clase media tradicional”. El gobierno les ha caído con un sinnúmero de acusaciones por ejercer una acción política de rechazo al nuevo Código y también a la reelección de Evo Morales como candidato a la Presidencia.

El otro enfoque de Telesur es acusar a los medios de comunicación por resaltar las protestas y no las decisiones de Evo Morales en el conflicto. El “especialista” Canelas destaca que es la estrategia de la derecha apropiarse de los medios de comunicación y acusa a los medios neoliberales de servir a sus patrocinantes. Nada nuevo pues el gobierno insiste, a través de todos sus voceros, que su principal oposición son los medios de comunicación, fuente constante de su desprestigio.

Telesur no dice que gran parte de los medios de comunicación está en manos del gobierno de Evo, además de tener un Ministerio de Comunicación dedicado a la propaganda. Hace varios años el gobierno creó un sistema de radios comunitarias, repetidoras de la radio estatal Patria Nueva, es decir de propaganda del gobierno que distorsiona los hechos. A la vez el gobierno ha asfixiado, vía restricción de la publicidad, a varios medios radiales importantes, como Erbol, para hacerla desistir de su línea crítica hasta colocarla con un perfil tolerante a su gobierno.

Algo similar ha sucedido con algunos canales de televisión de sintonía nacional, entre ellos dos grandes (ATB y PAT) que fueron comprados por capitales afines al gobierno y cambiaron su línea editorial. El gobierno tiene además, en otras estaciones de televisión, programas y periodistas dóciles que le sirven semanalmente como válvula de escape a sus problemas políticos. Sucede algo similar con los medios escritos.

La fuerza censuradora del gobierno respecto a la opinión pública y el periodismo crítico no es poca cosa. Los médicos denunciaron que un spot televisivo hecho por ellos para explicar su demanda fue rechazado por los canales de televisión, mientras el gobierno bombardeaba propaganda contra la protesta. Solo después de la denuncia sobre esta censura algunos medios difundieron la mencionada publicidad. Estos hechos no aparecen en la pregunta ¿qué hay detrás de las protestas en Bolivia? de Telesur.

Lo que sin duda existe es un gran cansancio de la población con el gobierno. En Bolivia todos saben que lo que firma hoy el gobierno, mañana lo niega, como sucedió con el TIPNIS, Evo Morales no da ninguna garantía.

La crisis económica genera protestas

Sin embargo, aunque el descontento popular se expresa en las luchas políticas, es la crisis económica lo que empuja a la lucha social. Los sectores populares que antes apoyaron a Evo Morales, hoy salen a las calles a protestar ejerciendo, como no podía ser de otra manera, una acción política contra las políticas económicas y socialfascistas del gobierno de Morales.

El problema en el fondo no está en las medidas legales que se aprueben o no. En la protesta del jueves 11 de enero, la Policía persiguió a estudiantes universitarios dentro de una iglesia, los encerró y los torturó salvajemente. Las leyes no funcionan para castigar esos hechos brutales, ningún policía está investigado por haber cometido las torturas.

Las leyes son una cosa y la práctica diaria de la justicia es otra. La práctica de los funcionarios públicos y los aparatos represivos, a pesar de estar normados, no se rige por las leyes, funcionan según la necesidad y los intereses del gobierno de turno. Todos los gobiernos reaccionarios, incluido el de Evo Morales, violan sus propias normas cuando lo necesitan porque vivimos en un aparente Estado con reglas para la convivencia entre iguales pero en realidad es un Estado de clase para defender los intereses de las clases dominantes y de quienes ejercen el poder temporalmente, en este caso la gente de Evo Morales y sus partidarios.

El oportunismo

El pueblo se está organizando para la lucha y en las filas de la protesta se camuflan los viejos partidos conservadores, el oportunismo y el caudillismo que acostumbra traficar con las luchas populares. Estos grupos destilan propaganda anticomunista para oponerse al gobierno de Evo, sin embargo cada vez hay una mayor participación popular que denuncia a la oposición conservadora y a Evo Morales. Todo esto es parte de un proceso de madurez de la lucha actual y de las protestas de 2017, como la de Achacachi y de los fabriles.

Los diferentes intereses de distintos sectores en la protesta no quitan legitimidad a estas luchas, su falta de dirección clara y consecuente, tampoco, es parte de su proceso de desarrollo, tanto político como orgánico. Esto solo necesita de los revolucionarios que en una participación firme al lado del movimiento popular barran el lastre oportunista que pretende darle una dirección errónea. A pesar de las contradicciones internas que tiene el sector en lucha, resulta una infamia la calificación del gobierno de “movimiento sedicioso de la derecha”.

Contradicciones en el MAS

Las contradicciones e intereses de grupo no son exclusividad del movimiento popular actual, lo son fundamentalmente del gobierno. Evo Morales y su gobierno no son de izquierda y mucho menos antiimperialistas, se trata de un gobierno socialfascista que lleva adelante un programa de una facción de las clases dominantes, que concilia y favorece al imperialismo, a los grandes burgueses y a los terratenientes, su programa no apunta a transformar el sistema social, todo lo contrario ha servido para salvar al viejo Estado de su crisis general y para reestructurarlo.

Pero tiene también contradicciones fuertes que condicionan su actuar. Evo Morales paga facturas políticas a diversos sectores que le apoyan (no simplemente a los sindicatos cocaleros, campesinos o mineros bajo su mando), incluidos sectores de la gran burguesía. Por ejemplo en todo el oriente boliviano su alianza es con sectores ganaderos principalmente (Beni y Pando), y sus representantes están en el parlamento, en gobernaciones y alcaldías. Esta gente para nada proviene de los sectores populares, fueron las alianzas que consiguió Juan Ramón Quintana, jerarca del MAS y ex Ministro de la Presidencia, hoy embajador en Cuba.

En Santa Cruz las articulaciones con los sectores dominantes (empresarios grandes y medianos) las hizo Carlos Romero, actual Ministro de Gobierno. El gobierno dice en su propaganda que los opositores en Santa Cruz son todos grandes empresarios o terratenientes en decadencia, lo que no dice el gobierno ni García Linera en sus sesudos análisis es que sus alianzas con la CAINCO (grandes empresarios privados de Santa Cruz) o con sectores del agronegocio están consolidadas.

Orgánicamente estos grandes sectores no se han estructurado en el MAS, sólo han conseguido favores. Sin embargo, otros sectores empresariales medios sí se organizaron con el gobierno. Curiosamente el MAS tiene dos estructuras separadas en Santa Cruz: la de los empresarios medios y la de los sectores barriales y comerciantes populares. El MAS ha creado un espacio separado en su estructura para blanquitos y morenos que no pueden convivir juntos. A esto podemos sumar la alianza que consiguió el gobierno hace años con un sector de la fascista Unión Juvenil Cruceñista, el sector conservador decadente y matón que estuvo al servicio de lo más feudal de la política en Santa Cruz.

Por otro lado, los aliados que tiene el gobierno en el sector campesino y obrero son esencialmente una costra dirigencial adicta y bien sobornada, que también pugnan por conseguir puestos en el aparato estatal u otros espacios de poder. La mayoría de estos sectores ha copado la administración del Estado. Es totalmente contradictorio el análisis de Álvaro García con la realidad, cuando se refiere a los “nuevos sectores plebeyos” que ejercen la administración estatal en sendos actos de descolonización y emancipatorios del pueblo boliviano.

Aunque es verdad que la administración estatal se ha copado de otro color de piel, también es cierto que la dinámica del viejo Estado sigue siendo la misma, sigue tan corrupta, atrofiada y aplastante. Tanto la prebenda como el pago de facturas por el apoyo electoral son el interés verdadero de estos funcionarios, en particular de los nombrados como cuota política. Esto es algo reconocido por los propios masistas, han filtrado videos de charlas que ciertos directores o militantes del MAS dan a los funcionarios públicos de cómo funciona esto. El trabajo del funcionario se reduce a participar de toda manifestación de apoyo al gobierno y a realizar “aportes voluntarios” al partido que se descuentan automáticamente en cada pago de sueldo mensual.

De esto se trata la “emancipación plebeya” que tanto admira Álvaro García, este es el gran logro de la descolonización del aparato estatal que quita el sueño a algunos pachamámicos del MAS como al excanciller David Choquehuanca y el actual Fernando Huanacuni. La realidad dista de esa fantasía que algunos funcionarios venden en foros internacionales o en cátedras en universidades del mundo. La administración pública se rige por un enorme tráfico de intereses económicos y políticos que a veces el gobierno no puede manejar, y sale a luz especialmente en campañas electorales. El “estratega del poder” Juan Ramón Quintana reconoció, en un audio, que si no va Evo Morales como candidato a la presidencia su partido iba a explotar porque hay gente dispuesta a sacarse los ojos para obtener puestos de poder.

El MAS es un partido reaccionario y su gobierno igualmente, es una olla de grillos y una coladera de contradicciones, no existe tal Revolución democrática cultural, revolución administrativa, revolución moral, etc. Eso es parte de la demagogia vacua para engañar al pueblo. El proceso del MAS no se acerca ni a los talones a los procesos revolucionarios que construyeron verdaderas sociedades socialistas, donde miles de hombres y mujeres del pueblo edificaron auténticos procesos de emulación y sacrificio para construir la nueva sociedad. El MAS no es capaz de inspirar ese espíritu de entrega, no es capaz de movilizar a las masas a ese nivel, su convocatoria bajo control fascista está cada vez en crisis, sus funcionarios buscan no ser identificados como parte del gobierno y hasta la palabra masista (derivado del MAS) se ha convertido en un insulto.

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One response to “La “sedición” de los sectores populares en Bolivia

  1. Este individuo Alvaro García Linera está totalmente desconectado de la realidad, cada “análisis” que hace es para insultar al pueblo boliviano, los sectores que marchan en la ciudad de Cochabamba, Santa Cruz, La Paz, El Alto, Oruro, Potosí, etc, son en su mayoría marchan obreros, comerciantes pequeños, vecinos, entre otros y la gran mayoría de estos son indígenas de tierras altas y bajas (y la minoría, cuantitativamente hablando son sectores de clase media) pero para el analista García Linera todos son la clase media decadente. El gobierno ha perdido todo contacto con la realidad y está cerca de repetir los escenarios de Gonzalo Sáncez de Lozada, es decir, lo pueden sacar a patadas de su gobierno.

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