Evo usa pretexto de golpe para ocultar el fracaso político

Las autoridades del gobierno boliviano son las únicas que pueden acusar impunemente sin pruebas y no ser procesados

 

Análisis y Opinión

Junio de 2012

La vieja izquierda en Bolivia está acostumbrada a sacar el fácil argumento de que “se viene el golpe de Estado”. Sea en el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada o en el de Evo Morales, el temor a un golpe de Estado en la lógica básica de los revisionistas y viejos izquierdistas está siempre presente con la CIA y la “derecha recalcitrante” como agentes.

Si bien se entiende que su limitado análisis de la realidad solo atiende a las condiciones externas del fenómeno y no a ver las contradicciones internas de éste, además que identifica gobierno democrático como elegido por votos y dictadura como impuesto por la fuerza, a estas alturas es un hecho que su actitud política consciente tiene la intención de socapar a la administración de Evo Morales que como cualquiera de sus antecesores permite la opresión imperialista y oprime a su vez, con sus aparatos policial y militar, a los grandes sectores populares.

A este anuncio de que “se prepara un golpe de Estado” se han sumado supuestos intelectuales cuyo conocimiento del país se limita a haber leído los análisis de García Linera. Es interesante ver la lista de los “intelectuales” bolivianos que firman esa alerta, entre ellos funcionarios del Ejecutivo, asesores políticos y militantes masistas no confesos que suelen utilizar su camuflada “independencia” para defender incluso las violaciones de derechos humanos que comete abiertamente el gobierno como las masacres y asesinatos cometidos por la administración de Morales (caso Caranavi, Yapacaní y una larga lista de muertos en la administración de Evo Morales).

La huelga de seis días de la Policía Nacional, amotinada en todo el país hasta el martes 26 de junio, fue la más nueva excusa para volver a sacar el argumento de que “se prepara el golpe de Estado”. El gobierno anunció, sin pruebas, que el proyecto de golpe de Estado tenía el nombre de “Plan TIPNIS”, haciendo alusión a la marcha de cientos de pequeños campesinos pobres del Territorio y Parque Nacional Isiboro Sécure cuya vida tiene base en la agricultura de sobrevivencia, la recolección, caza y pesca.

Aunque la marcha de sacrificio del TIPNIS no tenía ninguna relación con el amotinamiento e insubordinación de la Policía, el gobierno retorció la reflexión para vincularlos a ambos en su tesis del golpe de Estado. Lo interesante es que con unos cuantos billetes más (100 Bs al sueldo básico) y una negociación que implicó perdonar el incendio y saqueo de unidades policiales, los uniformados “golpistas” volvieron en cuestión de horas a reprimir a los indígenas.

Claro, los policías protestaron seis días precisamente por sueldos bajos y “explotación laboral” ante un aceleramiento de la represión por parte del gobierno que les exige, según dijeron los policías, hasta más de 430 horas al mes (14 horas día). Como no consiguen nunca los maestros ni los trabajadores en salud, los policías consiguieron incremento salarial, dotación extra de víveres para sus hogares, flexibilización del régimen disciplinario y ni siquiera serán descontados en sus sueldos por los días no trabajados.

Los policías volvieron a su labor represiva este miércoles (27 de junio), rociaron con gas pimienta a los indígenas cansados por dos meses de caminata y con una epidemia de neumonía (se dice que bronconeumonía, mal de altura y hasta varicela) en sus filas.

A pesar de este hecho, el gobierno retomó sus tesis conspirativas utilizando de manera forzada y simultanea como argumentos tanto el motín policial, la marcha del TIPNIS, la acción de la oposición, las ONG y algunos funcionarios dicen que incluso el imperialismo a través de la CIA.

La hipótesis del golpe de Estado pretende esconder el fracaso del gobierno en su manejo político de los problemas planteados por los sectores populares. La interpelación desde los sectores obreros contra los capitales imperialistas (caso Colquiri-Glencore), las protestas de campesinos pobres por más opresión del imperialismo (caso Mallku Khota-South American Silver), la marcha contra la construcción de una carretera por el TIPNIS (plan IIRSA), los cocaleros no afiliados al MAS por mantener sus cultivos (Yungas de Vandiola), los guaraníes interpelando la presencia de transnacionales hidrocarburíferas y un sinfín de problemas que afloran cada vez más arrinconan al gobierno cuya única respuesta es la represión.

Las verdaderas preocupadas por la tesis del golpe de Estado deberían ser las organizaciones populares y el pueblo en general, porque esa tesis ayuda al gobierno a continuar con una política iniciada con fuerza el año pasado, una política que implica la persecución contra el “enemigo interno”, que en este caso son los sectores o personas salidas de los sectores populares que manifiestan su crítica, su disidencia, su interpelación contra las decisiones gubernamentales que no contienen ningún cambio favorable en la calidad de vida de la población.

Los intelectuales que alertan a nivel internacional del peligro de un golpe de Estado no se pronunciaron cuando el gobierno de Evo Morales reprimió brutalmente a los indígenas, incluyendo niños lactantes, en Chaparina el año pasado; tampoco dijeron nada cuando el gobierno utilizó a la Policía para asesinar estudiantes en Caranavi (2010) y pobladores de Yapacaní (2012); menos se pronuncian (y algunos asesoran y son burócratas del gobierno) por la opresión que imprimen los capitales imperialistas con la venia de Evo Morales; ni por los beneficios que mantienen los terratenientes y latifundistas en contra de amplios sectores populares; ni por el enriquecimiento inusitado de pequeños sectores de la burguesía nacional con base en el contrabando y el narcotráfico; ni por la persecución política y la criminalización de la protesta social cada vez más fuerte.

A pesar de la amplia propaganda desplazada por el gobierno y por sus propagandistas gratuitos a nivel internacional, el pueblo boliviano no cree la versión del golpe de Estado que ha inventado el gobierno con todos sus detalles. Por eso la población de La Paz ha salido a recibir a la marcha indígena del TIPNIS y ha desconfiado de la marcha (hubo otras similares en otras ciudades) financiada por el propio gobierno que ha salido al mismo tiempo a rechazar el inexistente golpe.

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