Bolivia: Mafia policial y su atroz peso sobre el pueblo

Momento en que el delincuente luego de robar a un transeunte sube al carro policial con sus cómplices

 

Análisis y Opinión

19/09/2015

 

Nuevo escándalo de la policía y sus repercusiones reafirma no solo el carácter mafioso de esta institución sino también que es la estructura fundamental de la dominación de clase que pesa sobre el pueblo.

 

“Yo estaba llevando a dos mujeres policías en mi taxi que conversaban de varias cosas, en eso empezaron a hablar sobre un ladrón y una empezó a decir a la otra «ya le he pedido que me consiga un celular, le he dado la marca y el modelo, pero éste no me lo consigue, y yo ya tengo al cliente, lo voy a apretar si no me cumple voy a hacer que lo metan preso»”

Taxista en Cochabamba, 2015

 

“Yo era ladrón, la primera vez que lo hice fue en un pueblo en los Yungas, estaba con mi amigo en la fiesta del pueblo, nunca había robado, pero estábamos borrachos y se nos había acabado el dinero para tomar, mi amigo me dijo vamos a quitarles su plata a los borrachos, no se van a dar cuenta y así robamos a unos cuantos para seguir tomando hasta que la policía nos agarró. Cuando estábamos en la celda vino el oficial, éramos varios los detenidos, nos dijo que éramos malos elementos de la sociedad, que debíamos quedarnos presos para que aprendiéramos, pero que él nos iba a dar una oportunidad porque la mayoría no teníamos antecedentes, nos iba a dejar libre pero con una condición, qué le consiguiéramos 200 bolivianos, era plata en ese tiempo, pero cómo íbamos a conseguir eso, le dijimos que no teníamos plata, que nos habían quitado todo, entonces el oficial nos dijo, y para qué hay tanto borracho en la fiesta, vayan a asaltar y me traen los 200 bolivianos y los dejo libre, eso sí, si vuelven a caer después de eso ya no los voy a soltar carajo, entonces fuimos a robar para pagar al oficial, nos pareció fácil, así comencé a robar de pueblo en pueblo”

 

Comentario de un pastor evangélico del campo (referencia a años antes)

 

Historias como ésta existen a montones, son historias no solo contadas por la población común y corriente, sino también las cuenta la policía, los de bajo rango, y refieren toda la cadena de corrupción y de cuotas que llega a la más alta autoridad oficial y que tiene como base de este sistema a los propios asaltantes que roban a la población. El reciente video publicado el 8 de septiembre por un medio de prensa donde dos ladrones bajan de un carro policial para asaltar a una persona en estado de ebriedad y luego retirarse en la patrulla, no es más que la evidencia clara de algo corriente en esta institución.

En dicho video, el auto policial, con dos uniformados adentro, proviene de las dependencias de la estación policial del barrio San Pedro de la ciudad de La Paz, o sea, en pleno centro de la capital del país. Esto significa que la mafia policial no tiene problemas en actuar a vista de la población, no necesita ocultarse para hacer sus fechorías en algún pueblo o barrio lejano, por supuesto que no, lo hace en pleno centro de la ciudad, ¿pueden hacer esto los policías de bajo rango sin contar con la protección de algún alto mando? No lo creemos. El que cierto personal de la policía actúe con este descaro solo puede ser posible porque los jefes están involucrados en esto, pero no contaron con que alguien los había filmado y por este hecho fortuito se destapó el escándalo. No fue la acción de la policía que destapó el hecho, y estamos completamente convencidos de que si no se revelaba este video jamás se hubiera dicho nada al respecto.

La población víctima de esta clase de actos y las personas honestas con capacidad de indignarse han lanzado una fuerte campaña de denuncias contra la policía en los medios virtuales que ha cundido en la opinión pública, porque ésta es sin lugar a dudas la institución más corrupta del país, conocida por sus acciones no solo de asalto a la población, sino también de extorsión, asalto de remesas, volteo de droga, narcotráfico, violación, asesinato, feminicidio y por supuesto represión política al servicio de cada gobierno de turno, incluyendo el presente.

Si por un lado la población indignada denuncia a la policía, los defensores del viejo Estado, que entienden que una institución de esta naturaleza, con toda su podredumbre, es fundamental para sostener el Estado boliviano y su dictadura de clase, han salido en su defensa; buscan impedir que se hable mal de ella, arguyen que se trata de casos aislados, quieren impedir que la población muestre su indignación en los medios. Dentro de estos defensores se encuentran políticos de régimen actual, periodistas adictos a la policía corrupta y una serie de académicos que temen que una institución como ésta se debilite y por tanto el viejo Estado también.

Dos percepciones distintas en función de quien defiende o no al viejo Estado, dos posiciones de clase (con diferentes matices como todo fenómeno en la vida) para analizar la necesidad o no de una institución que hace mucho daño a la población pero que sirve eficientemente a las clases dominantes y sus gobiernos de turno.

De entre todos los argumentos que se presentan para defender a la Policía, el oportunismo y revisionismo es quien tiene los más aberrantes, a quiénes nos referimos con oportunistas y revisionistas, a aquellos que pretenden pasar por revolucionarios, venden al pueblo una demagogia pseudo revolucionaria cuando en realidad son tan reaccionarios como los liberales y fascistas. En otras palabras nos estamos refiriendo a los funcionarios del régimen actual que en su alucinada verborrea llegan a calificar a la policía de “revolucionaria”.

Días antes del destape policial el gobierno hizo un cambio en el viceministerio de régimen interior, la autoridad saliente, el señor Jorge Pérez, mediocre abogado con una sobresaliente habilidad para reprimir, expresó una perorata con las ideas que sintetizan la propaganda del gobierno respecto a la policía.

Su discurso inició tratando de convencernos de su “pasado revolucionario” y que su paso por el viceministerio le hizo cambiar su percepción sobre la policía, se había “dado cuenta de que la policía es una institución fundamental para el Estado”. En realidad todos sabemos eso, tanto revolucionarios como reaccionarios son conscientes de eso, para los revolucionarios la policía y las otras instituciones represivas (como las FFAA) son la estructura fundamental sobre la que se asienta el Estado para ejercer su dictadura conjunta sobre el pueblo boliviano, por ello es una institución fundamental para el sostén de todo el aparato estatal y por eso es blanco de las luchas del pueblo boliviano en la lucha de clases diaria. Pero el “revolucionario” Pérez no trata de convencernos de esta posición, todo lo contrario, su enfoque, como el de todos los que defienden el viejo Estado, es que la policía es una institución importante para toda la sociedad y por ello su necesidad, por eso no se puede prescindir de ella, sin la policía la sociedad estaría a merced de la delincuencia, esa es la idea que Pérez promueve a pesar de que los hechos son tozudos y muestran como la policía actúa contra la población. Para reforzar la idea de la necesidad, Pérez resalta la calidad “profesional” de la policía, dice, todos son profesionales y están al servicio de la sociedad. El “revolucionario” Pérez repite esta perorata falaz de la policía como institución sin intereses de clase, neutra, independiente y que está al servicio de la sociedad.

El gobierno de Evo no duda en reprimir a los indígenas, para eso está su policía

El oportunismo y revisionismo construyen un discurso peligroso para el movimiento popular, porque lo confunde cuando se hacen pasar como miembros de sus filas y luego trafican con ideas reaccionarias. En ese intento nefasto Pérez dice, tratando burdamente en análisis de los contrarios, más o menos lo siguiente: “en todo fenómeno hay una contradicción, en la Policía así como hay elementos reaccionarios, también hay elementos revolucionarios, y hay que fortalecer esos elementos revolucionarios para cambiar la policía de malos elementos”. Esta propaganda oficial que repite Pérez sirve para argumentar que la policía cambió de carácter y ahora es revolucionaria, que está al servicio de un “gobierno revolucionario” y que sus problemas de cuando en cuando son de elementos aislados, “reaccionarios” que no quieren someterse al “proceso de cambio”.

General de la policía, encargado de la lucha antidroga, detenido y procesado por tráfico internacional de cocaína, trabajaba en el Ministerio de Gobierno como hombre fuerte del Ministro Sacha Llorenti

Este análisis simplón también se cae no solamente porque no es suficiente con decretar de palabra que la policía ha cambiado de carácter sino porque los hechos siguen demostrando el carácter reaccionario de esta institución así como del Estado. No es necesario hacer una profunda investigación para saber que las acciones que hemos descrito al principio como características de la policía contra el pueblo también pueden ser aplicadas a todo el poder judicial, fácilmente se puede identificar que la policía, junto a jueces y fiscales, actúan en la mayoría de casos como un consorcio corrupto, y muchas veces también en un consorcio ligado al poder ejecutivo.

El poder judicial también es clientelar, ha tenido y tiene jueces y fiscales al servicio de gobiernos de turno, al servicio de personas con alto poder económico o conexiones políticas. La población sencilla y humilde sabe que la justicia es mercenaria, funciona con plata, el “profesionalismo” de la policía es para llorar, lo hemos denunciado en este espacio muchas veces y con casos concretos.

Entonces el carácter de reaccionario de la policía se puede extender al propio Estado, por lo que hablar de una contradicción en su institución fundamental (la policía) de una contradicción entre una corriente revolucionaria y una corriente reaccionaria está lejos de la realidad. La policía tiene múltiples contradicciones y tal vez en este momento podemos ver dos corrientes, inscritas en el viejo Estado, una demoliberal que quiere apegarse a las leyes (leyes reaccionarias por supuesto) y otra tendencia fascista (dentro del esquema de corporativismo del régimen), ambas contienden, sin embargo la tendencia fascista es la que tiene más poder. De ahí que la policía esté expedita para la persecución de opositores y a dirigentes del movimiento popular, no importa si violenta el ordenamiento legal, las órdenes del poder ejecutivo se cumplen y punto, a cambio de ello, la policía desenvuelve con tranquilidad muchas de sus acciones criminales y de cuando en cuando, sobre todo cuando la opinión pública se indigna, el gobierno mete a la cárcel a uno que otro policía o fiscal.

A diferencia de las palabras de Pérez en el acto de cambio de autoridades, sus declaraciones precedentes identifican mejor el trabajo policial y del gobierno, “a los que critican a los funcionarios del gobierno hay que juzgarlos por traidores a la patria”, “a los militantes que traicionan al gobierno hay que fusilarlos” o, en referencia a la brutal represión policial contra indígenas guaraníes “en otros países los persiguen hasta romperlos, aquí no hemos hecho nada”, esa es la tendencia fascista que predomina.

La policía boliviana y el Estado en su conjunto están tan comprometidos con su carácter reaccionario que mil declaraciones y cien reformas no lo van a transformar, porque fundamentalmente su tarea fundamental es defender los intereses de las clases dominantes contra el pueblo, pedir “cambios en la policía” es simplemente buscar un refinamiento en su actuar delincuencial, nuestro país necesita un cambio, real, profundo y radical, cambiar de raíz todo el sistema y construir nuevas instituciones al servicio del pueblo.

 

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One thought on “Bolivia: Mafia policial y su atroz peso sobre el pueblo

  1. Lo que evidencia este artículo es que el gobierno de Evo Morales no solo no ha podido cambiar las prácticas delincuenciales de la policía, hoy conocida como la institución más desprestigiada del país ante la población, así también la institución que más violaciones a los derechos humanos comete, campeona en tortura segun informes del Defensor del Pueblo, sino además que dentro del viejo sistema social nunca esta institución cambiará, tan solo podrá adquirir algún maquillaje, pero su característica de cancerbera del sistema de explotación no se transformará dentro de los márgenes del Estado boliviano.

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